Mi suegro, Gonzalo, es la persona que inspiró este proyecto. Como enfermo renal, cuando le prohibieron la sal, perdió también las ganas de comer: 'Nada tiene sabor, es muy triste comer así', me decía.
Un día, tras escuchar el consejo de su nefrólogo en el Hospital Clínic, se me encendió una bombillita: le preparé una mezcla especial de especias naturales para devolverle el sabor a sus platos. Días después, me llamó emocionado: «Nuera, ¡me has devuelto la alegría en las comidas!».
En su honor, bauticé mi mezcla como el Condimento de la Alegría®. A día de hoy, me emociona profundamente que algo que nació desde el corazón para ayudar a mi suegro, forme parte de tantas cocinas. Os habéis convertido en un auténtico ejército de alegría, y saber que mis especias están presentes en vuestras mesas, es el mejor regalo que me podéis hacer.